domingo, 16 de julio de 2017

Si hace una semana abríamos nuestro particular Ventanuco a hospedajes singulares en O Salnés, hoy brindamos una peculiar guía para no perderse en locales similares de hostelería, en los que el lector podrá disfrutar de una comida, tomarse una copa o catar un vino, en una dependencia enxebre y cuyo uso mudó del histórico original. Desde un antiguo palomar, reconvertido hoy en moderna sala de catas, hasta un tonel dentro del que disfrutar de una romántica cena, pasando por molinos de río que, fieles a su estructura, mudaron con mimo en locales de restauración, o tradicionales piornos donde degustar un vino desde una hamaca al atardecer. Y que mejor ocasión que el verano para disfrutar de una experiencia en ellos.   
Fotos. Iñaki Abella

HOSTELERÍA CON ENCANTO

Bocoi de vino reconvertido en sala en el Muiño da Chanca
En Dena, a pie de la PO 550, el Muiño da Chanca ofrece en el exterior de su restaurante una peculiar sala a modo de reservado para una cena romántica: el interior de un auténtico bocoi de vino, traído en 2013 desde Ferreira de Pantón, en Aguas Santas, hasta Dena, para convertirse en imagen de este establecimiento hostelero. “Era un viejo barril del año 1915 -explica Antonio Domínguez, quien regenta con su hermano el negocio familiar- cuya madera de castaño se curtió durante décadas en la bodega de un cosechero artesano, almacenando cada año 7.000 litros de vino, que era su capacidad”, “Recuerdo -agrega- que lo adquirimos por 500 euros pero nos costó más dinero el porte. Luego pagamos 700 a un carpintero por los trabajos de restauración, anclaje y acondicionamiento interior, pero la verdad es que valió la pena, porque para nosotros se ha convertido en todo un emblema”.

Mesa preparada en el Interior del bocoi de vino del Muiño da Chanca
El interior del viejo bocoi fue acondicionado con suelo de madera, una mesa y sendos bancos a cada lado, de tal forma que sirviera para albergar una cena íntima. “Hubo una época -comenta Antonio Domínguez mientras disponer la mesa en el interior- en que una pareja de clientes vilagarcianos lo reservaban todos los sábados para cenar”. A favor tiene además que, degustar un almuerzo o cena dentro de las entrañas de este inmenso bocoy, no supone coste añadido sobre el precio de carta.

Palomar para catas
Sala de catas dentro de un palomar en Pazo de Baión
Quien desee otra experiencia para los sentidos puede desplazarse hasta el Pazo de Baión, adquirido en 2008 por Condes de Albarei donde, dentro del departamento de enoturismo, puede acabar su visita degustando un vino de la cata en un antiguo palomar. “Se trata de una de las joyas históricas del pazo -explica Eugenia Castro, responsable del departamento de enoturismo- que, junto con la edificación fue rehabilitado de la mano del arquitecto César Portela para abrirlo al público en 2011”. La estructura, con planta circular, alberga en sus paredes, dispuestos en 16 filas, en torno a un millar de originales nidos de palomas, mientras el centro está presidido por una gran mesa de madera cincundada por un banco corrido. Esta sala, con capacidad para 15-20 personas es, sin duda, uno de los atractivos del pazo, no en vano en ella han degustado el albariño desde visitantes norteamericanos a japoneses, pasado por mexicanos, alemanes o australianos entre otras nacionalidades, los cuales han quedado prendados de la belleza de la construcción.
“Cuando ofreces la cata en esa sala -explica Eugenia Castro-, nada más entrar, la gente queda sorprendida por las paredes y la altura, y es entonces cuando tienes que hacer una labor didáctica explicándoles que esos huecos cuadrados de la pared, ni eran botelleros ni nada tenían que ver con el vino, sino que eran, en realidad, auténticos nidos de palomas”. “La experiencia de degustar un vino en esta sala -prosigue-, y en un entorno que aúna historia, naturaleza y arquitectura, cautiva siempre al visitante”. Eso sí, uno puede solicitarlo pero ha de tener fortuna en la asignación, por cuanto el pazo dispone de cinco espacios para catas y es el departamento de enoturismo quien dispone cada cual. No obstante, si entra en sus planes visitar este pazo y sus bodegas, no lo dude, e inténtelo porque, por los 10 euros que cuesta visita y cata, la experiencia le resultará inolvidable.

Panorámica desde el interior el horreo de la Quinta de San Amaro 
En un viejo hórreo
Pero si lo del palomar de Pazo de Baion se le tuerce puede decantarse por otra de nuestras opciones, como es la de degustar un vino o una copa acomodado en un sillón-hamaca dentro de un viejo hórreo. Para ello deberá desplazarse hasta la Quinta de San Amaro en Meaño, un hotel-restaurante enclavado en un entorno rural, y que ofrece al cliente tal posibilidad. “Se trataba de un viejo hórreo que existía en la finca -explica Nacho Crespo- y del que se mantenía en pie tan sólo el armazón de piedra. Entonces se nos ocurrió acristalarlo y dejar este espacio en la finca como un rincón de relajación y conexión con el paisaje”. “Aquí -agrega- el cliente puede degustar un vino, una copa, un café… lo único que no servimos dentro son comidas. Es un espacio cálido, muy demandado, ideal para ver anochecer, sobre todo en invierno, luego en verano se recurre a él más bien por la noche porque durante el día el calor dentro se hace excesivo”.

Horreo acristalado de la Quinta, lugar idóneo para degustar una copa al anochecer
“El turista extranjero -continúa Nacho Crespo- se sorprende con esta construcción, tanto que algunos nos no han preguntado por qué tenemos monumentos funerarios en casa… Sí, porque ellos ven una estructura con rectangular, elevada y coronada por cruces, y algunos piensan que se trata de un templo funerario. Y es que te paras a pensarlo y entiendes la confusión. Entonces les explicas lo que es un hórreo, y para hacerlo más fácil lo que hicimos fue rehabilitar otro que tenemos en la finca, con su duela en madera, para que pudieran comprender más fácilmente su función original como almacén de mazorcas de maíz”.

Lita Escuedeiro en el interior de su Muiño do Ferreiro en Lores
Molinos de río
Más habitual, aunque no por ello deja de sorprender al visitante foráneo, son los molinos de río, reconvertidos en locales de restauración. En Meaño se pueden encontrar con hasta tres de ellos, los cuales conservan en su nombre el de la construcción de origen: son los muiños de O Ferreiro, A Birta y A Chanca, los tres enclavados en las riberas del río Chanca que, nacido del Valboa (Armenteira), es la principal arteria atraviesa el municipio. De ellos, el de O Ferreiro (Lores) es donde la intervención fue menor, tanto que conserva sus piedras originales que sirven de soporte para mesas. Se trata de un viejo molino-vivienda de maquía, que dejó de moler hace casi medio siglo. El concello lo adquirió a inicios de este, y cedió su explotación como tapería. Hace apenas una semana acaba de reabrir precisamente sus puertas tras una nueva concesión, la cual recayó en Lita Escudeiro, una vecina de Simes afincada en Sanxenxo con décadas de experiencia regentado kioskos de playa. 

Responsables de sala y cocina del Muiño da Birta en Dena
Los molinos de A Birta y A Chanca (ambos en Dena) son dos viejas construcciones que ya aparecen catalogadas como tales en el catastro del Marqués de la Ensenada, propiedad entonces de Bernardo Camiña y Domingo Domínguez respectivamente. El último, adquirido en 1984 por Antonio Domínguez, lleva 27 años reconvertido en un restaurante -con capas de piedra de molino originales en barra incluidas- donde la parrilla y el pulpo son verdaderos protagonistas. En el de A Birta en Abuín, que ha último en llegar hace apenas un lustro, el  visitante no debe dejar de pasar la oportunidad de degustar, amén de la buena mesa casera y los preciados postres, uno de sus cócteles de sobremesa, sin duda una de las especialidades de la casa.





sábado, 8 de julio de 2017

*** Opinión
Pediatría na UVI

Unha verdade a medias en ocasións é a peor das mentiras. Nos últimos anos Meaño, como o resto de Galicia, ven padecendo a falta de pediatras en atención primaria. No noso caso, ante a baixa da titular desde desde fai dez meses no centro de saúde de Dena, o servizo vense parcheando entre médicos de familia e algún especialista de xeito ocasional. A resposta que esgrimen as autoridades sanitarias é a falta física de profesionais de pediatría, argumento referido ata por escrito por parte xerencia do Sergas en Pontevedra cando alcaldesa se interesou pola cuestión.
Desde logo algo non cadra, cando nun país como España, inmerso todavía na crise, e cunhas taxas de paro que no caso Galicia superan a 17 por cento (35 por centro en mozos), non hai xóvenes dispostos a estudar unha especialidade médica con déficit de profesionais e onde se presume, dados argumentos, que o paro non existe.

As razóns son máis profundas. Por unha banda, a Consellería non está abrindo o suficiente o número de plazas para a formación na especialidade e, por outra, unha vez rematada a súa formación, os profesionais decántanse por ofertas máis atractivas no tocante a salarios, pero sobre todo a horarios, que lles permitan ademáis conciliar vida laboral e familiar, o que moitas veces pasa por emigrar a países do entorno onde son máis valorados.
O que é reprobable é que, sendo conscientes das razóns que afogan o sistema, a administración non estea a facer o necesario para invertir a situación por ela creada. Isto lévanos a pensar se, en realidade, non existe un interese por liquidar a pediatría de atención primaria para relegala, como noutros países europeos, só a atención hospitalaria. É unha vella táctica por parte dos políticos a de deixar morrer un servizo por inanición: neste caso por falta de profesionais, noutros ofrecendo un servizo tan acotado ou depauperado que provoque a falta de demanda por parte dos usuarios. Unha vez logrado isto, xustificar a liquidación é doado, ata semella lóxico. Ou non?



domingo, 2 de julio de 2017

El verano siempre es estación propicia para experiencias. En esta ocasión abrimos nuestro particular Ventanuco a la de hospedarse en alojamientos peculiares o habitar en viviendas singulares. La comarca saliniense ofrece al visitante opciones únicas para una experiencia de los sentidos. Desde vivir en un viejo molino de río a poder dormir en un palomar o, si el visitante lo prefiere, hacerlo dentro de un hórreo o, más insólito aún, dentro de una botella de albariño. Todo cuenta con tal de diferenciarse en pro de una vivencia única que el turista foráneo demanda de forma creciente. Este reportaje pretende ser un guía para no perderse en este tipo de alojamientos en la comarca.

UNA NUEVA EXPERIENCIA PARA DORMIR 

José Luis Vilanova ante el palomar habitación de su proyecto Novavila. Foto: I. Abella
Si lo que usted quiere este verna es disfrutar de una auténtica experiencia para los sentidos y con un equipamiento de primera, su opción es desplazarse al lugar de Arcos, en San Tomé de Nogueira (Meis), donde podrá hospedarse en un palomar, a buen seguro, inolvidable. Se trata de una alternativa que ofrece el proyecto de enoturismo Novavila que lidera José Luis Vilanova. “Cuando echamos mano de la finca familiar -explica su promotor- y recuperamos la vieja casona de la abuela, que databa de 1775, nos encontramos con la dificultad de domar una finca irregular y muy escalonada, por lo que, para resolver una parte compleja en extremo, los técnicos se decantaron por habilitar esta construcción circular, exenta, con escalera de caracol, a modo de palomar”. La habitación cuenta con su chimenea, suelo radiante, baño con ducha, mini-bar y un equipamiento de diseño adaptado todo él al espacio singular de la estancia.


Interior del la habitación-palomar de Novavila. Foto: Iñaki Abella

“Para nosotros -explica José Luis Vilanova- el equipamiento tenía que ser la seña de identidad, con materiales de primerísima calidad y piezas de diseñadores reconocidos, en aras a un confort pleno”. Esto explica en buena medida su precio, por cuanto pasar una noche en este singular palomar tiene un coste de 175 euros, desayuno incluido. Pero ello no es impedimento para que sea la habitación más demandada del complejo, elegida por muchas parejas para su noche de bodas, y que ha contado hasta la fecha con huéspedes australianos, argentinos, angoleños y, mismo hace unos días, con una pareja de libaneses que realizaban el camino de Santiago en su variante portuguesa.

Mónica Novas y su pareja posan delante de la botella-habitación de MadeinFofán
Pero si su pasión es el vino puede decantarse por la singular botella-habitación que ofrece el sello “MadeinFofán”, una vieja botella-barco, frustrada en su día, y que hace unos meses rescataba del olvido en Vilanova, Mónica Novas, para su proyecto de turismo rural en Meis. Anclada en la era de su casa rural y pintado el exterior por la coruñesa Paula Fraile, la botella ofrece, en un interior diáfano y luminoso, una habitación con sala de estar, reconvertible en estancia de catas. El singular hospedaje lo estrenaba hace unos días una pareja colombiana, y su demanda está desbordando todas las previsiones. “En apenas unos días -comenta Mónica Novas- hemos completado una decena de reservas, tanto que contamos ya con reservas para la fiesta del albariño”.


AInterior de la  habitación en hórreo de MadeinFofán
No es la única opción curiosa que ofrece este sello, por cuanto los que recelen del vino pueden optar por hospedarse en un viejo hórreo, antiguo almacén de maíz, reconvertido en habitación. “Cuando compramos la casa hace 14 años -explica Mónica Novas-, el hórreo empezó haciendo las veces de almacén de patatas, secadero de ropa y trastero de bricolaje. Al final, como tenía menos de 100 años, pudimos tocarlo y reconvertirlo en habitación”. Con su interior lacado en blanco para crear sensación de amplitud, alberga una cama de plaza y media, más mesita, dispueto todo suelo de parqué. Un claro de la duela fue sustituido en su cara de poniente por una pared acristalada que permite disfrutar desde el interior de la puesta de sol.


Interior de la botella-habitación de MadeinFofán
Esta habitación la estrenaba en Semana Santa una pareja de belgas que supieron de ellas por la red. “Desde entonces -comenta Mónica Novas- está teniendo mucha demanda: en él se han hospedado, sobre todo, extranjeros, desde australianos a ingleses pasando por suizos o alemanes… tanto parejas de heterosexuales como homosexuales de ambos sexos”.
El inconveniente de hórreo y botella es que, por cuestión de espacio, disponen de baño en el exterior. A favor, el precio, por cuanto alojarse en uno u otra tiene un coste de entre 54 y 56 euros, según el portal de internet desde el que se opere, precio que incluye botella de albariño a modo de bienvenida, más desayuno con pan artesano, mermeladas ecológicas y frutas de la huerta, todo ello elaborado en la propia finca de “MadeinFofán”.

Jesús Sueiro ante su hórreo-biblioteca en Xil
Con fines de realización personal hay quien ha sacado otros partidos de sus hórreos. Tal es el caso Jesús Sueiro que, a sus 76 años, ha reconvertido el suyo de Xil en rincón de lectura y biblioteca. “Estaba semi derruido cuando adquirimos la casa en 2004 -explica- y lo rehabilitamos hace diez años con el objetivo de darle uso como lugar de confort en el que poder relajarme leyendo o escribiendo”. De hecho, desde su interior, que alberga, entre otros enseres, una vieja máquina de escribir Underwood de hace casi un siglo y una fotografía del club de fútbol Portonovo de la temporada 1949-50, Jesús Sueiro, apasionado del mar y de la navegación, ha concebido algunas de las páginas de dos libros por él publicados, “Cartas desde mi piorno” y “Capitán Tajamar”.
En el linde ya con Sanxenxo, otro vecino se afana reconvertir su hórreo en un pequeño apartamento, con sofá cama, aseo y pequeña sala de estar. “No es para hospedaje -aclara- lo hago por pasión personal y por buscarle un uso a la construcción”. En su caso el hórreo, todo él en piedra -incluida la duela-, lo adquirió en Almonfrei en los 80 “y me costó 200.000 pesetas, lástima que en traslado el transportista hizo un desenclavo y me rompió varias piezas”.

Muiño dos Pasales, reconvertido en vivienda por Antonio Rial
Otras de las construcciones tradicionales en Galicia son los viejos molinos de río, primero olvidados y recuperados de un tiempo a esta parte. Dormir en uno puede resultar una experiencia evocadora. Para el meañés Antonio Rial es su vida, no en vano el molino de Os Pasales en Dena es su casa desde hace 25 años. Se trata de un viejo molino-vivienda que que ya en el siglo XVIII recoge el catastro del marqués de la Ensenada. “El antiguo propietario -explica Rial- se lo cedió a mis padres que vinieron a vivir en él en 1949. Aquí nací yo más seis de mis hermanos, y en él crecimos hasta 1961. Luego, cuando regresé de la emigración en 1984, decidí echar mano de él, ampliarlo y acondicionarlo en la vivienda que es hoy”. Dentro dispone de cocina-comedor, habitación, sala de estar con cama supletoria y un salón en la planta baja. “Vivir aquí -afirma-para mí es muy cómodo. ¿La humedad del río?, con una buena calefacción y un deshumidificador, apenas se nota”.
Reconoce que nunca barajó la posibilidad de alquilarlo: “sí que viene gente pensando que es un local de vinos, e incluso me han llegado ofertas… pero no se me pasa por la cabeza, para mí esto es mi vida”.